BLOG DE OJOS

Cuidado de los ojos, consejos oftalmológicos, opinión, cosas de Elche... Un blog del Dr. Soler y su equipo con inquietudes, recomendaciones y propuestas globales en red.

Una historia de Navidad: Los Kallikantzaros


Quiero aprovechar estas líneas para advertiros de que en Navidad, no todo es paz, generosidad, y bondad…

Hace unos años, mis hijos salieron por la noche durante esos días navideños en los que las calles se llenan de lucecitas y nos regalan (o nos machacan) con empalagosos villancicos…

¡Bueno!, el caso es que volvieron a las 8 de la mañana del día siguiente en un lamentable estado…, por lo que me enfadé y les pedí explicaciones.

Me dijeron que habían sido abducidos por unos seres extraños que saltaron a su espalda y les obligaron a pasearlos por muchos de los pubs y discotecas del pueblo hasta, que amaneció y los dejaron ir en paz.

Podéis imaginar el enfado y la indignación ante semejante historia; lo que dio lugar a una buena reprimenda y un severo castigo.

Pero como mi curiosidad es insaciable, me dio por investigar esa extraña historia para descubrir si existía alguna remota posibilidad de verosimilitud… y fue así como descubrí a los Kallikantzaros.

Los Kallikantzaros son una especie de duendes malévolos o Goblins, que viven en el subsuelo. Según las leyendas del sureste de Europa y Anatolia (Grecia, Bulgaria, Serbia, Bosnia y Turkía), pasan todo el año cortando las raíces del árbol del mundo, con la intención de que éste caiga y destruya a toda la humanidad.

Durante la noche del 24 de diciembre, el sol se detiene y ellos tienen la oportunidad de salir a la superficie e incordiar a los humanos, olvidando su labor con el árbol, hasta que, en la noche del 5 de enero, el Sol vuelve a ponerse en marcha, y deben regresar al inframundo a continuar con su labor…

Pero al regresar descubren que, durante esos doce días, las raíces del árbol del mundo han sanado y deben comenzar de nuevo su labor desde el principio.

Durante esos doce días de Navidad, salen a perpetrar sus travesuras; algunas de las cuales consisten en: llamar a sus víctimas con voces de sus seres queridos y hacer que se pierdan durante las noches de mucho frío para que mueran congeladas; ocultarse en las esquinas y hacer preguntas a sus víctimas, golpeándolos hasta matarlos si no se les da la respuesta adecuada (se les debe responder con la palabra “Kara”, que significa “negro” en turco): y por supuesto, subirse a las espaldas de sus víctimas y obligarlas a pasearlos a donde quieran hasta que el gallo canta anunciando el alba.

Los Kallikantzaros son algo obsesivos; así por ejemplo, no pueden pronunciar el número tres, ya que éste es un número sagrado y morirían al pronunciarlo; por otro lado, no pueden evitar contar los agujeros de un colador cuando lo ven; así que, una forma de librarse de ellos es poner un colador en la puerta de las casas, con lo que pasarán la noche contando: “1,2… 1,2… 1,2…” hasta que a la salida del sol, se verán obligados a buscar refugio.

En las casas con chimenea, es costumbre encender el “tronco de navidad”; un tronco grande que debe permanecer encendido los 12 días de Navidad para evitar así que los Kallikantzaros se cuelen por la chimenea.
Otras medidas de protección son: Quemar zapatos viejos, ya que su olor les repele; pero si nos repele a nosotros también, podemos probar a quemar incienso, que hace el mismo efecto y tiene un olor más agradable…

En otros lugares, pintan cruces negras en las puertas de las casas.

Y en muchos países realizan el “Kukeri”; ritual en el que se disfrazan con máscaras de madera decoradas de animales y grandes campanas cogidas a la cintura, y bailan salvajemente en las plazas de los pueblos para ahuyentar a los Kallikantzaros y a otros malos espíritus.

La leyenda cuenta que cualquier niño nacido durante los doce días de Navidad, es susceptible de convertirse en Kallikantzaros, para evitar esto, debe envolverse al bebé en trenzas de ajo o paja, y chamuscarle las uñas de los pies.

También dicen que, los nacidos en Sábado, tenemos la capacidad de ver y hablar con los Kilikantzaros.

Así que, si durante estos días navideños, sus hijos pasan una noche fuera y vuelven al amanecer, no sean muy severos con ellos, que para eso es Navidad…
¡Ah!, y eso sí: quemen incienso, pongan un colador en su puerta y un tronco de Navidad en su chimenea…

…¡Por si acaso!

¡Feliz Navidad!

Autor: José Samper Giménez

• Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Alicante
• Oftalmólogo de la Clínica Oftalmológica Dr. Soler
• Oftalmólogo del Hospital General Universitario de Elche
• Colaborador en ONGD Anawim.

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