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«Crevillent, ¡qué sonrisa!» Tribuna del Dr. Soler en informacion.es

De siempre hemos estado muy vinculados a la población de Crevillent, tal vez más a la población humana que a la física. Puede que por esta vinculación su Asociación de Fiestas de Moros y Cristianos tuviera a bien distinguirme con el nombramiento para este año de uno de los cargos festeros importantes, el de "Rey D. Jaume I". No solo me confirieron un honor sino que me dieron una oportunidad única de conocer mejor tanto a su villa como a sus gentes.

Las Fiestas de Moros y Cristianos de Crevillent se celebran en honor de S. Francisco de Asís y son muy singulares. Su sentido es muy diferente a otras de las que se festejan en nuestra Comunidad y en otras vecinas. En la mayoría de ellas se repite su argumento: cristianos conquistan castillo moro, éstos recuperan luego su castillo y finalmente cristianos vuelven a tomar el castillo moro, cuya población como tal queda "conquistada". Con licencias artísticas, en Crevillent se recrea un pasaje real de su historia y es el hecho histórico de que su Ra´is, su autoridad mora, es retenido por el Rey de Castilla lo que obliga a su población a pedir el auxilio del Rey D. Jaume I de Aragón, sometiéndose a vasallaje e incorporándose a su Corona. Es por tanto una capitulación ante el Rey, una paz negociada, no una conquista más del Conqueridor, lo que le otorga un matiz diferente de convivencia y concordia entre los pueblos.

Este tipo de acuerdos no es privativo de épocas pasadas. En la memoria de todos están países como Polonia, Hungría, etc., que rendían vasallaje y pleitesía al Pacto de Varsovia y que luego pidieron estar bajo el amparo de la OTAN. Pocas cosas nuevas bajo el sol.

Pero hay otra singularidad más en estas Fiestas y que se expresa en una sonrisa, la sonrisa de Crevillent. Hay muchos tipos de sonrisas, lo cual es muy bien conocido por psicólogos, anatomistas, artistas plásticos y…por todas las personas. Sonrisas pícaras, contagiosas, disimuladoras, tímidas, de cortesía, irónicas y, por supuesto, la sonrisa verdadera, la espontánea, la que expresa la felicidad. Estos días he tenido la oportunidad de ver en Crevillent a mucha gente así, con una sonrisa espontánea, la verdadera, expresando alegría y felicidad, aunque fuera dentro de un sueño vivido en una ilusión mantenida durante varias jornadas seguidas.

Viene esta sonrisa de la participación festera de hombres, niños y, sobre todo, mujeres. Crevillent tiene doce comparsas, seis moras y seis cristianas, para las que dispone de dos capitanes varones, uno moro y otro cristiano, Paco y David este año. Pero frente a esas dos Capitanías se nombran doce reinas, seis cristianas y seis moras. Y son reinas de verdad, son las Reinas de la Fiesta aunque atiendan a nombres diferentes: sultanas, grandes hurí y moravita, princesa, bellea astur, rosa de bronce, masera de honor, infanta o castellana.

Al desfilar se puede ver la felicidad en sus rostros y en su sonrisa verdadera, con sus brazos extendidos y sus manos mirando al cielo que parece que se lo puedan llevar. Y todos, todos volcados con ellas, lanzando piropos que las elevan aún un poco más. Pero no son solo ellas y las correspondientes abanderadas, las otras doce reinas del año anterior, es que por si quedaba alguna duda a esas veinticuatro reinas se le suman otras tantas infantiles.

Pero tanta belleza no está sola ya que van arropadas de tal cantidad de festeras que hace que en los desfiles de algunas comparsas, la presencia de la mujer sea superior a la de los varones. En estos tiempos donde se imponen cuotas y paridades, encontramos que de forma casi natural, Crevillent dispone desde hace muchos años de unas Fiestas donde la mujer es la protagonista.

Todas estas singularidades hacen de las Fiestas de Moros y Cristianos de Crevillent algo especial donde todo el mundo se implica, bien como Fester o bien como público, tan importantes unos como otros pues el Fester necesita al público que le aplaude y le jalea y éstos necesitan ver a sus gentes desfilar. Unos y otros ponen el calor y el color a la Fiesta.

Para mí han sido unos días de vivencias nuevas, de compartir sensaciones. El desfile de cabos integrando una filá sin cabo en recuerdo del amigo que se fue. Llevados además casi flotando por Jessica, esa marcha cristiana compuesta para un Capitán de Muro que perdió en su año a su hija a la que se le dedicó la composición. Los "sopa de faixa" o de "cabaset" como decimos en Elche, compartiendo comida, bocadillos y la omnipresente litrona de cerveza. Y la compañía y el afecto de tantos, y en especial de su alcalde, un hombre que ama tanto a su pueblo que todos los rincones le rememoran cosas y lugares, desde una plaza castellana hasta las calles de Estrasburgo cercanas a su catedral.

Todos estos recuerdos y vivencias están ya almacenados en mi disco duro cerebral, pero en la parte inaccesible del mismo, dónde no se puede llegar para borrar, queda la sonrisa verdadera, la espontánea, la que expresa la felicidad. La sonrisa de Crevillent.

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